
Llovizna sobre la luneta, gotas lentas se deslizan en el cristal. Un día más de trabajo, el estrés, las corridas diarias. El auto en el taller, por lo tanto chofer ocasional. Un teléfono. La música en la radio: romántica. Fue como recordar el sabor de esos labios prohibidos que nunca había probado. Tomo el celular en las manos y calculo la circunferencia de esa cintura por la cual llevaría su abrazo, de la cual se agarraría de atrás para penetrar la virginidad de su presencia. Ella ya estaba en su taxi y desde la imagen a los dedos que teclearon las primeras palabras para establecer contacto a través del mensajero del celular. Un tiempo dentro del tiempo, el movimiento del cuerpo, los latidos, la sangre alterada y sin embargo todo tan quieto. Porque ni el aire podían compartir pero la combustión los convirtió en fuego. La saludó y abrió la conversación con frivolidades, pero su boca se entreabrió imaginando el primer beso, él no sintió la saliva crecer dentro de la boca de ella, ella no vio el pantalón desdibujar la entrepierna, pero juntos dibujaron la escena de sexo más descarnado y verdadero. La forma del deseo oculto se empezó a filtrar como rayo de sol entre nubes. Amor prohibido, sin amor, sin compromiso. Amor apretado en el escándalo. Sudar sin piel, sin olor. Un huracán. Como Había de repente olvidado a su esposa, el cansancio, incluso ese dolor de cabeza que lo tomaba por asalto? Sus dedos a falta de cuerpo que apretujar, apretujaron las teclas e imprimieron respuestas agiles que ocultaban y desenmascararon al mismo tiempo. Ella… ella era esa llovizna cálida que mojó todo alrededor, todo lo interior. Aquel anochecer lo que no se escribió quedó inscripto, rubricado, quedó claro lo oscuro. Y el cuerpo tenso, dispuesto, entregado, exaltado. Un saludo apresurado que dejó el silencio cargado de palabras y de la billetera el pago por el viaje. Me bajo en la esquina…
lunes 28 de febrero de 2011
" VIAJE EN TAXI "
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